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MERITOCRACIA O SUERTE ¿QUÉ TE LLEVA AL ÉXITO

 La meritocracia es empleada como justificación para políticas de inequidad (como el ingreso a la educación pública o el desempleo). Históricamente, Napoleón Bonaparte (siglo XIX) es el representante máximo de esta postura, al abrir el ejército y servicio público a cualquier hombre, según sus méritos y no el linaje.n

El objetivo contemporáneo es un plan utópico en el que todos los trabajadores tienen las mismas oportunidades de alcanzar el éxito. Las remuneraciones y los premios para empleados son a partir de sus “logros”, no de los “números” obtenidos.

A diferencia de la cultura del esfuerzo, los méritos no sólo se basan en el “rendimiento” y la “productividad” sino en las características cualitativas de cada individuo, fundamentalmente el intelecto y el talento. Si hablas inglés, has viajado o tienes grados académicos superiores, cuentas con puntos extras para subir peldaños salariales.

La meritocracia adquirió mayor relevancia con el boom millennial de las startups. Mientras las organizaciones clásicas daban relevancia a los derechos de preferencia para ascender en el escalafón (como la antigüedad, condiciones socioeconómicas, etc.), la cultura del mérito premia al individuo con el mejor perfil entre sus colaboradores.

Así como la meritocracia se relaciona con las posibilidades para alcanzar el éxito, también se vincula a otro concepto: el fracaso ¿qué sucede con quienes no alcanzan los méritos suficientes?

EL MÉRITO COMO ELEMENTO DE DISCRIMINACIÓN

La meritocracia trae consigo una afirmación: el fracaso es merecido por infuncional y motivo de marginalización. ¿Consideras que una persona por ser más “inteligente” debe tener un mejor sueldo que tú? Si tu respuesta fue NO, estás en lo correcto.

Teóricos como Michael Young ya distinguían la superioridad intelectual como un factor de discriminación social. Si has visto la serie Black Mirror, el episodio Fifteen Million Merits aborda esta disyuntiva: ¿trabajar en lo que eres bueno o dedicarte a lo que realmente sueñas ser?

La meritocracia parte de las habilidades natas y anula las aspiraciones profesionales. Es decir, inconscientemente, la sociedad te lleva a desarrollar tus “fortalezas” y no tu vocación. El éxito profesional es en virtud de los méritos sociales (proyecto de vida), no de la satisfacción personal.

¿EXISTE LA MERITOCRACIA?

De acuerdo con un artículo de The Atlantic, investigaciones han revelado que las empresas con dinámica meritocrática sólo acentúan la discriminación: se premia al hombre blanco occidental sobre los grupos vulnerables (principalmente mujeres).

Autores estadounidenses afirman que el concepto es un mito; no obstante, muchas vacantes de empleo publican esta característica como parte de las prestaciones emocionales que ofrecen. Estas plumas creen que el talento no determina el éxito sino el azar y los factores económicos.

Según un estudio de la Universidad de Manchester, ya no existen sólamente la clase baja, media y alta; la sociedad se ha diversificado en 7 sectores básicos:

Precariado: depende de la ayuda social sin importar su condición social.

Clase trabajadora tradicional: obreros y trabajadores con oficios.

Trabajadores del sector servicios emergentes: empleados de call centres, supermercados y tiendas departamentales.

Nuevos trabajadores prósperos : trabajadores de la industria de la informática.

Clase media técnica: ingenieros, científicos y trabajadores del sector financiero y administrativo; están desconectados de “la cultura”.

Clase media establecida: son quienes consumen el capital cultural y social; es decir, regularmente viajan, van a conciertos, festivales, etc.

“La élite”

Tomando en cuenta que los tres primeros sectores son considerados clase baja y la “élite” es un pequeño grupo, la meritocracia sólo es una dinámica fantasma entre personas de la clase media. En otras palabras, será muy difícil ascender a la “media establecida” si te encuentras por debajo de la “media técnica”.

En resumen, no se puede hablar de suerte, pero “el éxito” no se alcanza mediante el talento y el esfuerzo; pero sí es consecuencia de la condición social de cada individuo. Regresando al ejemplo de Game of Thrones, el destino de Naharis y Mormont no es meritorio sino el resultado de una reina con criterio “subjetivo” sobre sus súbditos (es decir, el azar).

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