¡Prendan Luz y Toquen Radio!  La memoria de un radioescucha  

Nací en una casa de adobe, en Angamacutiro –Michoacán–, en julio de 1955; poco tiempo después, en enero de 1956 una gran urbe me dio la bienvenida a sus fauces remotas.

“Mis padres llegaron a rentar a una colonia insipiente en la Colonia Portales, que en aquél entonces eran las orillas de la Ciudad de México. Había calles eternas sin pavimento; barrizales donde las ranas se oían cantar por las noches, donde no existía organización y con trabajos algunas casas tenían luz eléctrica: fueron los primeros arbotantes luminosos”.

 

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Un distante eco

Vicente, Trinidad, Rafael y yo, crecíamos bajo el yugo de nuestros padres. “Mi primer encuentro con la radio… no teníamos radio”. Esos aparatos parecían cajas de otro mundo, donde todo podía pasar; tuvieron que desfilar algunos años para que me acostumbrara a ‘el y la’ radio, como un nuevo significado en este plano.

“La escuchaba cuando iba de visita a casa de mis tíos en el Estado de México. Ellos tenían aquél aparato que les costó una fortuna y en torno a ese prisma mágico, mis hermanos, primos, vecinos y yo, nos reuníamos para escuchar en compañía de la gente mayor,  las primeras radionovelas como eran Kalimán,  el hombre increíblei, Rayo de Plataii; tenían la mala costumbre de tenernos a todos con el alma en vilo”.

Escuchar radio en la década de los sesentas, era un pasatiempo que hacía al visitar a nuestros ‘viejos’, después de jugar con las hordas de niños en la calle. Un minuto tenía mugre en las rodillas, hilos amarrados a las patas de los insectos, helados del tío Beto; y en otro, dejaba este mundo para escuchar todos los días secuencias que duraban meses. “Ponía poco cuidado a los créditos, estaba inmerso en la historia, ansioso porque comenzara”.

Cinco años después ¡Mi madre logró conseguir ese cubo extraordinario! “Realmente crecí escuchando un radio que comenzaba a volverse algo más común; fue como ella también se hizo adicta a dar sus oídos a los programas radiofónicos”.

Los de adentro de la caja

Yo todavía odiaba a las niñas; mi tiempo y mi cansancio estaban basados en jugar tacón, canicas, escondidillas, pelear con mis hermanos por el último taco relleno, con los guisos de esa inmensa olla que mi madre y mi “tillita”–tía– ponían en la mesa.

“Recuerdo voces peculiares; era Héctor Martínez Serrano III–una gente muy sobria en su trato pero muy amable y afable en su cometarios–, uno de los más afamados de aquél entonces que daba noticias amenas, consejos hasta de cocina, anécdotas históricas. Tenía gran influencia y muchos espacios en la XEW.”

 

 

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Para reír “Manuel Siordia  ‘Mister Kelly’ , que era el ‘chistosito’ de los locutores que tenía su propia barra con chascos, chirigotas, consejas, cuentos jocosos que narraba”. Carcajadas de bromas que ya no recuerdo más.

“Otra estación era la RCN donde pasaban el ya mencionado Kalimán, Aquí está Felipe Reyes y su compañero inseparable el Tlacuache, historias campiranas muy frescas; relataban aquellos sucesos naturales del campo muy apegados a la realidad, con efectos que me hacían revivir, escuchar los cascos de los caballos, muy bien elaborados que me hacían sentir la historia y vivirla”.

 

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Los ruidos de algunos

Ni Doña María ni Don Agustín –mis padres–, podían callar así de sencillo a la bola de mocosos, que había crecido con la suma de Enrique, Isidro y Micaela, que paraban su alboroto para escuchar quietos, cual juguetes sin cuerda, las narraciones más increíbles; “el fondo musical que era tan acorde, ‘los de adentro de la caja’ estaban muy bien organizados”.

“La historia de Porfirio Cadena, El Ojo de vidrio vera legendaria, un programa que todo mundo quería escuchar. Porfirio era parco, con el tono de hombre de campo, escueto muy austero y el personaje de una mujer Eduviges –con un lenguaje tosco–, la contraparte de esa historia”.

En esos tiempos la gente era incondicional al escuchar a otros, yo era un adicto. “Porfirio era el tipo que hacía justicia, iba quitándole dinero a la gente adinerada para dársela a los pobres. Él era un campeador, una especie de Robin Hood de pueblo, la igual que Felipe Reyes, Kalimán que eran gente justiciera”.

“Eso fue lo que al principio la radio me proyectaba, un impacto blanco, ingenuo, inocente pero me tenía ‘tronándome los dedos’ todo el tiempo”.

 

 

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Música difusa

“En Kalimán usaban música hindú, porque él era un héroe con turbante y capa vestido como lo vemos posteriormente en las ilustraciones, pero se construyó con lo que trataban de proyectar a través de la radio: el héroe bien parecido, vestido con túnica blanca, capa de satín o seda, un turbante con joya”. Así era yo, corriendo tras un balón de papel, capa de viento y la música aún tranquila de la creciente ciudad, construida en México Tenochtitlan.

“Las demás melodías no las recuerdo mucho; tal vez fueron corridos mexicanos, muy antiguos. Había un programa de radioaficionados de gente que iba a cantar. Otro de adivinación de canciones, El cochinito le llamaban, donde las personas recordaban los títulos de las canciones bajo ese concepto les premiaban”.

En XEW había programas de “cocina, informativos, las noticias escritas por Manuel Mejidovi, fue de los exiliados de España, cuando aconteció la guerra de Franco. Había otros como Julio Scherer Garcíavii, Federico Bracamontesviii, todos ellos comenzaron en esas estaciones. La XEB, la B grande de México”.

El oficio de hacer magia

“La mayoría de los locutores eran menos académicos, más hechos en la calle, en la vivencia, el ingenio, los vaivenes de la vida, por eso eran magos de la voz, de la emoción; algunos otros como Manuel Mejido o Julio Scherer, me da la impresión de que tenían formación en letras o filosofía. Las voces y sonidos de la XEW llegaban a nivel nacional con algunas repetidoras en los estados”. Todos los radioescuchas, de provincia y la capital, eran uno solo esperando. “Yo viajaba muy seguido a Guerrero y escuchaba a lo lejos la B grande de México”.

“Ya olvidé mucho, pasaron más de cincuenta años de eso; tal vez no puse mucha atención o mí mente estaba en otras cosas. Pienso que escuché demasiada radio, la gente con la que estaba también, era bastante apegada a ella”.

 

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¡Que suene!

Vuelvo a ser niño, en ese tiempo en el que las luces de la ciudad no se habían devorado a las estrellas, cuando el Zócalo era en realidad el Centro. “En aquél entonces vivía en un lugar donde no había ni siquiera luz eléctrica y al ir con los tíos veíamos una casa iluminada como un evento único y hechizante” que también tenía que ver con cajas y magos.

Por eso cuando volvía a mi hogar y me llegaba esa añoranza de ver y oír mejor, bajo el cobijo de una vela entre tantos ojos y oídos de mis padres y hermanos, gritaba a todo pulmón, yo ese pequeño Ramiro Lira: ¡Prendan luz y toquen radio! ¡Prendan luz y toquen radio! ¡Prendan luz y toquen radio! Para ver si así comenzaba el encantamiento.

 

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iRafael Cutberto Navarro y Modesto Vázquez González (1963).
iiEscrito por Glen Uribe, protagonizada por Alberto Pedret (Rayo de Plata), el
niño Roberto González (Serranito), Carmelita González.
iiiTrabajó 30 años en la estación de radio mexicana XEW “La Voz de la América
Latina desde México”. El 19 de Septiembre de 1985, durante su programa, Jacobo
Zabludovsky hizo la llamada telefónica que se convertiría en la transmisión-relato, de
ocurrido en la Ciudad tras el fatal sismo.
ivTrabajó en la época fuerte de XEW y también participó en Radio Variedades
con algunas cápsulas cómicas.
vEscrita Por Don Rosendo Ocaña y transmitida por la estación XET.
viGanador 18 ocasiones del Premio Nacional de Periodismo.
viiPeriodista y escritor mexicano, fue director del periódico Excélsior, el Semanario y la revista Proceso.
viiiEn la década de los 40, Don Federico fundó el Diario de México, en el que
buscó la libertad de expresión durante el gobierno de Miguel Alemán Valdés.
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